jueves, mayo 23, 2024

8-M: “La mayor defensora de la mujer en España ha sido una falangista”

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Artículo de José María García de Tuñón Aza, historiador y presidente de la Fundación José Antonio

Mercedes Formica: una voz en el silencio.

Esta falangista que un día despertó el interés de algunos hombres y mujeres, pero que lamentó que las feministas, años más tardes, jamás se referían a ella cuando había sido una reformista del Código Civil, y una buena escritora. Por eso solía decir: “Me silenciaron. ¿De buena o de mala fe? No lo sé. Lo cierto es que desde que murió Franco hasta hoy, las personas que han tratado el Derecho privado no han nombrado aquella reforma. Como si no hubiera existido”.

Mercedes Formica fue joseantoniana, desde el mitin fundacional que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en le Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Y de ahí para adelante.

Nació en Cádiz en 1916. A los siete años, por traslado profesional de su padre, la familia se va a vivir a Sevilla donde crece dentro de una sociedad distinta a la de su tierra natal. Su madre hace que estudie el bachillerato y en el año 1931, tiempo en la que se proclama lo que algunos tienen por idílica II República omitiendo el golpe de Estado que los socialistas dan en octubre de 1934 y no condenan ahora, acude a una academia para ir preparando su ingreso en la universidad y que hace en el curso siguiente matriculándose en Derecho y Filosofía y Letras.

La llegada de la República coincidió asimismo con que las ideas políticas para Mercedes eran algo así como un poco rudimentarias; aunque su familia era toda monárquica sin que llegara nunca a ser palaciega. El tiempo pasaba y llegó la hora de ingresar en la Universidad. En ese momento se da cuenta de que su vida sufre un cambio profundo. Las artes plásticas, la música y otras materias le resultaban extrañas, en contraste con la formación humanista que traía del bachiller. Su falta de base literaria también le resulta notable. Ignoraba la obra y hasta la existencia de Juan Ramón Jiménez y los hermanos Machado. Algunos catedráticos pertenecían a la nueva hornada republicana y procedían de la Institución Libre de Enseñanza.

Un día es testigo del desorden y de la agitación profesional promovida por una huelga organizada por la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE), vinculada a grupos de la izquierda española, para decretar la desaparición del Centro Católico ya que consideraban a los estudiantes con él como “elementos desestabilizadores del régimen”. A raíz de este acontecimiento le proponen el ingreso en el grupo católico que no vacila en aceptar; sin embargo, poco a poco se apagó ese entusiasmo. El Presidente de los Estudiantes Católicos, Pedro Gamero del Castillo, dispuso no tomar represalias; sólo una protesta simbólica, absteniéndose de entrar en clase. La FUE esta actitud terminó tomándola a pitorreo quemando a continuación el Centro Católico. “Como lo de ofrecer la mejilla derecha- dice Mercedes Formica-si te golpean la izquierda no era lo mío, decidí quedarme fuera de cualquier asociación”.

Mientras tanto su nueva vida transcurría en Madrid con sus estudios y de vez en cuando alguna visita a casa de sus amigas. En una de ellas, octubre de 1933, conoció a José Antonio, cuya existencia ignoraba. Pocos días después pudo escuchar las palabras que pronunció en el Teatro de la Comedia. El fundador de Falange fue para ella un hombre joven, valeroso, inteligente, temido, rechazado y ridiculizado por su propia clase social, que nunca le perdonó sus constantes referencias a la injusticia, al analfabetismo, a la falta de cultura, a las viviendas miserables, al hambre endémico de las zonas rurales, sin más recurso que el trabajo “de temporada”. la urgente necesidad de la reforma agraria. Confundir el pensamiento de José Antonio con la extrema derecha es algo que a ella llega a pudrirle la sangre.

Una mañana decide afiliarse al Sindicato Español Universitario. Desde entonces su vida se limitó, junto con sus estabril de 2002, víctima de la enfermedad de Alzheimer. Esta escritora y abogada ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer en España. Pero las feministas siguen ignorándola porque fue falangista, poniéndole, además, el sello de fascista sin que nadie se molestara en averiguar si lo era o no. También escribió que José Antonio era un hombre de Derecho, no un hombre de derechas, y que , ante la muerte que ya presentía no muy lejana, Mercedes dijo que tenía fe y que para la religión había aportado la esperanza y la explicación del objetivo de su vida.

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